Si algún día se llegase a escribir alguna biografía mía, por favor, incluyan que cuando es de noche suelo cerrar los ojos para caminar por la casa a lo ciego sólo por el gusto de la práctica de mis otros sentidos. Así mismo que leo el tarot para ejercitar la creatividad. Al subir las escaleras, siempre mi último paso es con el pie derecho cosa que me hace calcular siempre con qué pie debería empezar el ascenso de escalinatas ya conocidas. Las arañas tanto miedo me dan que al pasar una página con su foto literalmente la evado con cualquier objeto para doblar a la siguiente. No puedo pisar las franjas en las aceras y tengo calculadas las baldosas de mi casa para pisarlas con el pie que yo quiera siempre en modo Torre de ajedrez. Así como puedo identificar cada nota de una sinfonía conocida también no logro escuchar la conversación más cercana si estoy en arrebato por una idea. El humor no lo entiendo y suele ser causa de humor. Me gusta sentir un temblor de tal forma que al pasar uno me apego con mis palmas de las manos al piso para poder apreciarlo mejor (ojo, dije temblores y no terremotos). Finalmente, mi memoria infiel me libra de la nostalgia del pasado y me he visto en más de una oportunidad asustado de caras que me saludan con una escalofriante familiaridad. Dicen incluso que les cambié su vida y eran hermanos o amigos, pero yo, yo ya no les recuerdo.
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